Septimania

La antigua región de Septimania constituyó la parte occidental de la provincia romana de Galia Narbonense, constituida hacia el año 27 A.C., por el Emperador Romano Augusto. Dicha región estuvo bajo el control de los visigodos en el año 462, cuando era titular de dicho Reino Teodorico II. Este territorio se correspondía grosso modo con la región francesa moderna de Languedoc-Rosellón.

Septimania

El topónimo Septimania tiene su origen en la conquista de la Galia por el Imperio Romano. Originalmente daba nombre al territorio de la actual ciudad francesa de Béziers, por haberse establecido en ésta una colonia de veteranos de la Legión VII. Por eso el nombre latino de Béziers era Colonia Iulia Septimanorum Bacterrae. Incluía los ocho obispados católicos de Narbona, Nîmes, Agde, Béziers, Elne, Lodève, Maguelonne y Carcasonne, así como el valle del Têt.

La Septimania se extendía hacia el noroeste hasta una línea a medio camino entre el mar Mediterráneo y el río Garona; en el este, el Ródano la separaba de Provenza, mientras que al sur su límite lo formaban los Pirineos.

La Septimania visigoda

Tras la derrota de los visigodos ante el rey franco Clodoveo I en la batalla de Vouillé (en el año 507), Aquitania pasó a manos de los francos y la Septimania, con otros territorios visigodos de la Galia, fue gobernada por el rey ostrogodo Teodorico el Grande, que creó la provincia de Septimania en el año 509, conservando su capital tradicional en Narbona y designando como su regente a un noble ostrogodo llamado Teudis.

Hacia el año 522, el joven Amalarico, nieto de Teodorico fue proclamado rey y cuatro años más tarde, a la muerte de su abuelo, asumió todos los poderes reales en los territorios de Hispania, incluida la provincia de Septimania, cediendo la Provenza a su primo Atalarico.

Amalarico se casó con Clotilda, hija de Clodoveo, pero al profesar la confesión arriana se encontró, como otros maridos reales de princesas merovingias, con que el enlace le trajo el castigo de una invasión franca en la cual perdió la vida.

En consecuencia, la arriana Septimania visigoda, la última parte de la Galia que quedaba en manos godas, fue convertida oficialmente al catolicismo.

Durante los difíciles años que precedieron a la caída del reino visigodo, la región no escapó a las luchas nobiliarias. Durante el reinado de Wamba, el duque de la Septimania, Paulo, se levantó contra el rey Godo. Llegó a dominar toda la zona y a proclamarse rey, aunque fue finalmente derrotado por Wamba.

La Septimania musulmana (720-760)

A partir del año 719, siendo al-Samh valí de al-Ándalus, comienza la ocupación de la Septimania. En el 720 las tropas musulmanas conquistan Narbona (que pasa a denominarse Arbûna), Béziers, Lodève, Agde y Magalona.

En el 721 el valí desistió de conquistar Carcasona y se adentró en territorio aquitano, hacia Tolosa (Toulouse), iniciando un asedio. El duque aquitano Eudes I (Odón) acudió a socorrer a la ciudad y atacó por sorpresa a la tropas musulmanas el 9 de junio del 721 –la batalla de Tolosa o de Toulouse– causando una gran derrota a los musulmanes y más de 3.700 muertos. Las tropas omeyas se retiraron y en el camino murió al-Samh, el 10 de junio.

Será su sucesor, el valí ‘Anbasa ben Suhaym, quien finalice la consolidación de la frontera con el reino franco dirigiendo varias campañas, tal y como cuenta la Crónica Mozárabe del 754:

«También él, proyectando guerras contra los francos y llevándolas a cabo por medio de sátrapas enviados a tal efecto, lucha con suerte adversa. Pero haciendo algaradas, con formación en cuña de sus fuerzas, ataca algunas ciudades y castillos […]».

Finalmente logró conquistar Carcasona y Nimes (725), acabando con los últimos dominios visigodos. Muchos habitantes de esta comarca se refugiaron en el reino franco, donde sería llamados «hispani«.

El 732, al-Ghafiqí retomó la acometida contra el reino de los francos y escogió la ruta de Pamplona y Roncesvalles para penetrar hacia la Galia Aquitania. Tras la Batalla de Burdeos conquistó la ciudad y la saqueó con virulencia.

El duque de Aquitania Odón el Grande (Eudes) les salió al encuentro cuando los invasores cruzaban el río Dordoña pero fue derrotado en la batalla de la Garona.
Eudes se vio obligado a recomponer su relación con Carlos Martel ofreciendo -le sumisión y ayuda para hacer frente a los musulmanes. Carlos Martel envió rápidamente un ejército mientras Al-Ghafiqí avanzaba imparable.

Después de saquear la región de Poitiers al-Ghafiqí prosiguió el avance hacia el norte en dirección a la abadía de San Martín de Tours, pero en el camino entre Poitiers y Tours le salieron al encuentro las fuerzas del duque Odón y los refuerzos enviados por Carlos Martel, entregándose la decisiva batalla de Tours en octubre de 732. Las tropas árabes fueron derrotadas y al-Ghafiqí fue muerto. Después de esta batalla los árabes se retiraron al sur de los Pirineos, pero conservaron Septimania durante 27 años más.

La reconquista de la provincia visigoda de Septimania y el origen del condado de Tolosa 

Carlos Martel intentó tomar la capital árabe de Septimania, Narbona en repetidas veces, una de ellas en el 737, pero los habitantes, de mayoría visigoda apoyaron a los árabes y bereberes y salió derrotado.

Le sucedió su hijo Pipino el Breve, que fue coronado como rey de los francos en el 754, poniendo fin a la dinastía merovingia.

En 759 se conquista a los árabes, la población de Rasés, al sur de Carcassone. En 759, en Narbona, los visigodos aniquilaron la población musulmana y entregan la población a los francos (Pipino el Breve) a cambio de conservar sus leyes, a continuación Pipino expulsó a los árabes de la Septimania, conquistando el Rosellón en 760, y estableciendo la capital en Ruscino, cerca de la actual Perpignan.

En su mandato, Pipino tuvo que pelear contra los herederos del Duque Eudes I (Odón el Grande) que pretendían mantener el ducado de Aquitania independiente. En el 768 Pipino toma Burdeos y manda matar a la familia de Eudes.

Como resultado de anexionar la Aquitania al reino franco se crea el condado de Tolosa (Tolouse), que será de gran importancia en la evolución de los condados francos, ya estén al sur de la Galia (Septimania, Provenza) como en los territorios de la reconquista del norte de la península ibérica

La Septimania franca: Carlomagno

En el año 771, Carlomagno —soberano del reino occidental de los francos desde el 768— asumía el gobierno del reino oriental de los francos por la prematura muerte sin descendencia de su hermano Carlomán y conseguía reunir la totalidad de la herencia de su padre Pipí el Breve, iniciador de la dinastía carolingia.

Carlomagno llevaría a cabo una política de expansión territorial muy agresiva a partir de los límites fronterizos del reino de su difunto hermano. Desde el Rosellón, que era dominio carolingio desde el 759, iniciaría una serie de campañas exitosas que culminarían con el desplazamiento de la frontera sur desde los Pirineos hasta la orilla del Llobregat.

La región se encuentra ahora bajo el pleno dominio de los reyes francos. En su zona se crean diversos condados como los de Narbona, Béziers, Agde, Magalona, Nimes, Tolosa (778) y Uzès.

De Septimania a Gotia (Gothia) 

Pero poco a poco el nombre de Septimania se va perdiendo frente a otro: Gotia o Gothia, haciendo referencia a que muchos de sus habitantes, o al menos de sus gobernantes, procedían de la nobleza visigoda.

La concentración del poder franco en la figura de Carlomagno resultará decisiva para la formación de los condados catalanes y se crea el título de marqués o duque de Gotia.

La concentración del poder franco en la figura de Carlomagno resultará decisiva para la formación de los condados catalanes. Con su gobierno, la frontera sur del reino franco —los marquesados de Septimania y Gotia, que corresponden al actual país del Languedoc— se convertiría en la plataforma de expansión territorial prioritaria.

El año 785 incorporaba Girona y el territorio del actual Ampurdán; el año 788, Cerdaña y Urgell, y el año 801 entraba en Barcelona y también la incorporaba en el dominio carolingio, con los territorios actuales de Selva y Maresme.

Septimania fue conocida como Gothia tras el reinado de Carlomagno. Conservó estos dos nombres mientras fue gobernada por los condes de Tolosa durante la Alta Edad Media, pero la parte meridional llegó a ser más conocida como Rosellón, en tanto que su parte occidental fue llamada Foix, y el nombre de Gothia (junto con el más antiguo de Septimania) dejó de usarse durante el siglo X, pues la cultura de Septimania se convirtió en la cultura de Languedoc.

Tras la división de los dominios a la muerte de Carlomagno, por el tratado de Verdún (843), la Septimania pertenecerá a Carlos el Calvo. Tras la muerte del rey Luis II el Tartamudo (879), Carlomán II reinó sobre Borgoña, Aquitania, Septimania y los Condados fronterizos hasta su muerte en el 884.

Esta es la relación de los primeros marqueses o duques de Septimania o Gotia (Ducis Gothicae):

El último mandatario en utilizar este término fue el conde de Barcelona Borrell II, quien tomó el título de «duque de Gothia» (Dux Gothicae) para identificar el espacio de su soberanía. El nombre de Gothia se usó porque el área tenía una concentración de godos más alta que las regiones circundantes, dado que esta zona había sido parte del reino visigodo desde el siglo V y que muchos nobles visigodos se habían refugiado en la zona tras la conquista musulmana de Hispania. Los soberanos de esta área, cuando estaba compuesta por varios condados, recibieron el título de marqueses de Gothia (y también de duques de Septimania).

El nombre de los godos perdurará asimismo en la futura Cataluña, cuyo nombre, según una de las etimologías propuestas, procedería de Gotalania (Gothalaunia), tierra de godos.

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